La Movilidad Social fue y sigue siendo alta en el país.
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El hijo del trabajador más modesto puede llegar a ser Presidente de la República.
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No son muchas las sociedades que en el mundo ofrecen esta posibilidad.
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Sin embargo, en la práctica se obstaculizó reiteradamente esta movilidad.
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Los líderes naturales encuentran un camino difícil:
hay una maquinaria aplastante que cuesta mucho desmontar.
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La supuesta igualdad de oportunidades ha sido determinada, en ciertas circunstancias, por la capacidad económica, de la cual siguen dependiendo en gran medida las posibilidades de formación.
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La misma forma de emerger de muchos líderes, no ha asegurado una alta calidad de liderazgo en todos los casos.
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Así se comprende que haya existido cierto "elitismo", en la medida en que el grupo tenía poder, oportunidad e influencia, se autoidentificaba como más apto para imponer su voluntad a los demás.
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Por otra parte, durante casi dos decenios funcionaron mecanismos que coartaron la posibilidad de expresión de los líderes que se mantuvieron fieles a las concepciones doctrinarias existentes hasta 1955.
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En este terreno se echó mano a la discriminación directa.
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Por lo demás, el proceso montó sistemas de promoción que en grado apreciable dependieron de la adscripción ideológica de los líderes a las pautas políticas del ámbito liberal dominante por entonces.
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En consecuencia, no puede asegurarse que todos los liderazgos hayan surgido de los dos requisitos fundamentales requeridos: vocación de servicio al país y capacidad.
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Para no caer en la trampa liberal, en el futuro deberá emprenderse con inteligencia y honestidad la formación de líderes, particularmente para que los líderes intermedios en los campos políticos y sociales complementen su información y cultiven sus valores personales en forma metódica y sistemática.
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El mismo mecanismo de promoción de líderes tiene que sentarse, en todos los cuerpos políticos y sociales, sobre una verticalidad institucionalizada que transporte la corriente de poder desde la base.
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De este modo, el líder resulta un verdadero conductor, con mandato real y capacidad probada por el Pueblo, del cual, además de representante, debe ser auténtico y permanente intérprete.
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Modelo Argentino para el Proyecto Nacional
Por Juan Domingo Perón
1974